¿LIBRE ELECCIÓN? PERO, ¿A QUÉ COSTE?

Imagina que, por trabajo, tienes que ir a Japón, no hablas el idioma, es tu primera vez en el país y estás solo (o acompañado, pero de otras personas que no hablan tu idioma y no son colaborativas contigo).


Llegas tarde a una reunión y estás nervioso y alterado. Sales del hotel, entras al metro y...


¿Qué línea coges? ¿En qué dirección?

Si nadie te ayuda, lo más probable es que te equivoques, elijas mal, genere aún más frustración ver que tu decisión es la errónea y no ayudó, no conseguiste tu objetivo, entraste en una situación que no sabes resolver, nadie a tu alrededor parece comprenderte y preocuparse por ti...


Apliquémoslo a los perros:


  • Les dejamos decidir por donde pasear, pero, ¿conocen las posibilidades de la zona por donde hacerlo?


  • Les dejamos elegir masticación, pero, ¿conocen los productos que dejamos a su alcance?


Si te mira buscando ayuda con la mirada, duda, su expresión cambia, comienza a preocuparse, sus decisiones no le ayudan o empeoran su bienestar, se mete en situaciones que no sabe y no puede gestionar, se queda peor que antes de tomar la decisión...


Entonces, tu perro no está preparado para tomar la decisión que le estás planteando en el contexto en el que se lo estás planteando.


No pasa nada, tan solo ayúdale y ofrece otros contextos para que pueda decidir con seguridad.


Y tu perro, ¿Qué situaciones está preparado para seleccionar?

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